Miedo a Volar

En nuestra trayectoria profesional hemos encontrado que el “miedo a volar” no está siempre relacionado con una experiencia negativa en un vuelo. Detrás de este miedo pueden existir experiencias traumáticas no recientes y no siempre relacionadas con la experiencia de volar. Hemos encontrado casos relacionados con “la muerte de un familiar”, “quedarse encerrado en un ascensor”, entre otras.

Lo cierto es que debajo de este miedo, se encuentra una intensa sensación de “no control” que a su vez genera una intensa sensación de “inseguridad” y que termina manifestando signos físicos, emocionales y cognitivos, “algo terrible me va a pasar”, “no me siento a salvo”.

Un 10% de la población presenta un miedo intenso a volar y prefiere viajar en otro medio.

Se acerca las vacaciones y para algunas personas el solo hecho de planificar las vacaciones y pensar en el vuelo, activa el miedo. Y es que una experiencia tan normalizada para muchos, se convierte en un imposible para algunas personas.

¿Qué ocurre por dentro?

Respuesta de Alarma, nuestro cerebro nos avisa automáticamente de que estamos en peligro, sentimos palpitaciones, respiramos de manera agitada, nos tensamos, mareamos, sentimos un nudo en el estómago, nos falta el aire… Aunque son sensaciones alarmantes y que asustan a quien las padece, en realidad, lo que ocurre es que nuestro cerebro nos está avisando y preparando para huir ante “ese peligro”.

Es una respuesta automática, biológica, nosotras les decimos a nuestros pacientes que el sistema nervioso está funcionando “estupendamente”.

¿Cómo vencer este miedo?

El miedo a volar no es racional, por eso, la información sobre la probabilidad de accidentes o cualquier otro argumento de este tipo no consigue tranquilizar al paciente.

EMDR.

Con este abordaje terapeútico trabajamos las sensaciones corporales, las emociones y las creencias asociadas a los recuerdos implicados en este miedo. Desensibilizamos y reprocesamos la información disfuncionalmente almacenada en las redes de memoria para convertirla en una información adaptada.

Cuando un evento/situación es traumático, nuestro cerebro lo almacena disgregado, esta disgregación de la información mantiene activadas las redes neuronales implicadas y esto es lo que activa la Respuesta de Alarma.

Con EMDR acompañamos al paciente a procesar esa información desintegrada, produciendo un “reprocesamiento saludable” que desactiva la respuesta de alarma, además de instalar Recursos Positivos que devolverán la experiencia de seguridad y calma.